viernes, 1 de julio de 2016

SEMANA DE LOS OFICIOS

Cómo cada curso los papis vienen a enseñarnos sus oficios, con uniforme y herramientas en mano, nos lo enseñan con gran entusiasmo. 
Muchas gracias por la colaboración, un año más nos a encantado!!














APRENDEMOS A RECICLAR


lunes, 25 de abril de 2016

MANIAS Y OBSESIONES EN LOS NIÑOS

 Las conductas obsesivo-compulsivas más comunes

   Las manías son costumbres y conductas que se repiten muy a menudo, y que ayudan al niño a controlar algunos acontecimientos externos. A medida que va creciendo estas rutinas algunas suelen seguir y reforzarse, y otras desaparecen ya que las manías que duran demasiado tiempo o que se refuerzan mucho pueden empezar a interferir en la vida diaria normal del niño, y convertirse en obsesiones.
Las obsesiones son ideas o pensamientos repetitivos, inquietantes, desagradables y no deseados, que surgen reiteradamente y de forma incontrolable en la mente del niño, causándole un temor persistente y un alto grado de ansiedad. Las conductas obsesivo-compulsivas pueden manifestarse en cualquier edad.

Manías frecuentes en los niños

 
 
Las más frecuentes en la infancia son:
- Lavado o preocupación por coger enfermedades
- Las conductas repetitivas para acostarse o vestirse
- A la hora de dormir necesitan que se le vuelvan a contar las historias y los cuentos ya conocidos, ya que esto los ayuden a estabilizar sus expectativas y la comprensión de su mundo.
Los niños en el colegio suelen desarrollar rituales en grupo cuando aprenden a jugar, a hacer deportes en equipo. Los niños más mayores y los adolescentes comienzan a coleccionar objetos y a desarrollar actividades favoritas. Son síntomas transitorios asociados al desarrollo, a la autoafirmación y a la constitución como sujeto.


Cuando el niño sufre de obsesiones y compulsiones

Se considera que los niños tienen un Trastorno cuando estas manías, obsesiones y compulsiones ocupan tanto tiempo al día, que les impiden el funcionamiento diario normal, e interrumpen de modo significativo sus actividades cotidianas.
Cuando los niños no pueden hacerlo sufren una ansiedad desmedida, que ellos manifestarán en llantos, gritos, tirones de pelo, conducta agresiva con sí mismo o hacia los demás, etc.
En el Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) en niños predominan los comportamientos compulsivos frente a los pensamientos obsesivos.


Diagnóstico y tratamiento del trastorno obsesivo-compulsivo

El diagnóstico precoz de la enfermedad así como la aplicación de un tratamiento especial cuando se observan los primeros síntomas contribuye a aumentar la calidad de vida del niño y a prevenir que el trastorno se desarrolle a un estado más serio. Para poder realizar el diagnóstico es muy importante el apoyo y la implicación de los padres.
Para calmar la ansiedad provocada por el pensamiento obsesivo, se realiza la compulsión. Una compulsión es un comportamiento ritualizado que se lleva a cabo durante mucho más tiempo de lo normal, de forma repetitiva y sin interrupción. El tratamiento del TOC más efectivo y recomendable sería combinar la terapia psicológica y medicamentos. El tratamiento psicológico incluye técnicas cognitivas y conductuales:
- Las técnicas cognitivas ayudan al niño a identificar y comprender sus miedos y a aprender nuevas formas de resolverlos o disminuirlos sin sentir la ansiedad que le provocaban y le llevaban a la compulsión como evitación;
- Las técnicas conductuales ayudan al niño y a sus familias a hacer contratos o poner pautas para limitar o cambiar comportamientos.
Los medicamentos que se usan para tratar el TOC son inhibidores selectivos de la reabsorción de la serotonina que sirven para paliar los pensamientos obsesivos y por lo tanto mejorar las conductas compulsivas; y siempre deben ser indicados y tomados bajo supervisión del pediatra.
Los padres juegan un papel de apoyo vital en cualquier proceso de tratamiento apoyando al niño en todas las etapas del trastorno y de su tratamiento.


Blanca Betes Tejero, psicóloga clínica de Psiceduca

sábado, 19 de marzo de 2016

LOS REFLEJOS DE TU BEBÉ, UNA SEÑAL DE BUENA SALUD

A pesar de su aspecto desvalido, tu bebé viene muy bien preparado para poder vivir fuera de ti y los reflejos son una señal clara de ello.

¿Por qué busca tu hijo tu pezón para alimentarse, si no lo había hecho nunca antes? ¿Por qué se agarra a tu dedo cuando le coges la palma de la mano, como si quisiera decirte cuánto te quiere? ¿Por qué abre los brazos en cruz cuando oye un ruido brusco, como si pretendiera protegerse?
Todas estas reacciones son reflejos innatos, respuestas musculares involuntarias ante un estímulo exterior, que ayudan al pequeño a habituarse a su nuevo mundo: le ayudan a alimentarse, a evitar peligros potenciales, a entablar contacto con el ambiente que le rodea...
De hecho, gracias a los reflejos con los que nace, a tu bebé le va a resultar más fácil adaptarse al mundo, interaccionar con él y controlar mejor su cuerpo.

Muestran la vitalidad del recién nacido

“La observación de los reflejos nos permite valorar la vitalidad del recién nacido. La presencia o ausencia de cada reflejo, así como la calidad de las respuestas, nos da una información muy valiosa sobre el funcionamiento de su sistema nervioso.
Ahora bien, tan importante es la existencia de estos reflejos como que vayan desapareciendo poco a poco. Que perduren más de lo debido es señal de que algo no va bien en el desarrollo del niño. Por eso, el pediatra valora estos reflejos en el momento del nacimiento y continúa haciéndolo después, cada vez que los padres llevan al bebé a su consulta”, explica Dorotea Blanco, neonatóloga del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, de Madrid. 

www.serpadres.es

CUENTO: PAPÁ POR FAVOR CONSÍGUEME LA LUNA


EXPERIMENTANDO CON EL AMARILLO