jueves, 26 de septiembre de 2013

PROMOCIÓN DE LA LECTURA

Por qué y para qué leer cuentos a los niños
 

Leer cuentos a los más pequeños puede ser muy beneficioso para ellos, no sólo desde una perspectiva lúdica, sino también intelectual y emocional. El artículo destaca algunas de las ventajas de esta actividad, desde la ejercitación de la imaginación hasta el apoyo que una historia puede prestar al niño a la hora de superar sus miedos o asimilar el mundo que le rodea. Se resalta también el importante papel que juega el narrador en la lectura, ya que es de él –y no sólo del texto– de quién muchas veces depende la actitud del niño ante el libro.
Introducción
¿Por qué contar o leer cuentos a los niños? Se nos ocurren tantas y tan variadas razones que se nos aturulla el teclado. Por eso nos limitaremos a hablar con el corazón, de la mano de expertos como Rosi Vilanova, Abril, Caivano, Filion o Savater.
Contar cuentos es una tarea apasionante, motivadora y gratificante, no sólo para el oyente sino también para el narrador. Éste posee un poder inmensamente maravilloso e iniciático, ya que a través del cuento todo lo que el niño conoce cobra movimiento y actúa de formas irreales, mágicas e incluso absurdas que llenan su universo mental de matices oníricos, catárticos y evocadores.
Los cuentos están poblados de situaciones y personajes reales o fantásticos que el niño puede evocar mental y verbalmente, pero el poder de la palabra y el gesto del narrador les confieren una magia y un sabor indescriptibles.
El niño, desde bien pequeño, sabe que lo que se le cuenta no es real (¡un lobo hablando con una niña, qué absurdo!), pero lo acepta regocijado porque cuando lee o escucha un relato no está buscando certezas ni confirmaciones científicas de la realidad, sino trasgresiones y puertas para penetrar en el agujero negro (en esta ocasión, recubierto de un esmalte multicolor) de la fantasía, la irrealidad y los imposibles satisfechos.
La utopía hecha cotidianidad, lo paranormal traducido en lo políticamente correcto, lo onírico, lo realista, lo íntimo y lo exterior, la exuberancia y la sencillez, la brutalidad y la ternura, lo pretérito, lo presente y lo por venir, lo modestamente mío y lo gozosamente nuestro… todo explota en un arco iris jacarandoso cuando es tocado por la pluma del escritor o por el exultante y creativo pincel del ilustrador.
Las mil y una virtudes de los cuentos
La narración o lectura de cuentos a los niños reúne un amplísimo repertorio de «indicaciones» que hacen de este brebaje un alimento imprescindible tanto para el cuerpo como para el espíritu. Esbozaremos algunas pinceladas para que los padres se convenzan de la idoneidad de este «complejo vitamínico».

«Eso también me pasa a mí». el niño que vive el acto aparentemente pasivo de escuchar –nos recuerda Roser Ros– confronta constantemente lo que oye y lo que podría haberle ocurrido a él. En esos instantes, se está produciendo un verdadero acto de comunicación durante el cual el chiquillo ha captado tan intensamente el argumento que le está ofreciendo el adulto que le cuenta que necesita hacérselo saber con su contacto físico, pues todavía es demasiado pequeño para expresarlo con palabras.
La narración no interesa tanto por su valor literario como por el mágico encuentro del pequeño con el otro, madre o padre, con el que se fusiona íntimamente para –como dice Fabricio Caivano– «sentirse raptado por la palabra, poseído por la narración y devuelto, sano y salvo, a esta orilla de la vida». Este encuentro se complementa con el descubrimiento de los otros seres que habitan en cada uno de nosotros y que el niño reconoce al identificarse con los diversos personajes de los relatos.
La narración enriquece el oído emocional del niño, su sentido más puro y el menos contaminado por el «ruido» del entorno (la imagen distorsiona la representación que el niño hace de la historia; la musicalidad y la belleza de la palabra oída no requiere intermediarios).
Sobreviviendo a la realidad. Fernando Savater arguye que el relato ayuda al niño a evadirse de la opresión del entorno, de los atroces peligros del crecimiento y la respetabilidad. Los cuentos no dicen que la vida sea idílica, tranquila, armónica, siempre gratificante: dicen que para quien lucha bien, la vida es posible sin dejar de ser humana.
El abrazo amoroso de la literatura. Acurrucado en brazos de sus padres, el niño descubre la maravilla de la palabra escrita y siente el deseo de conocer los códigos de la lectura, esos pequeños dibujos que llamamos letras y palabras. Cuando el adulto le lee –ahora es Rolande Filion quien nos habla– el niño hace predicciones sobre lo que sigue y poco a poco organiza el cuento en su memoria. Si el padre responde a sus preguntas, el niño se volverá activo y se interesará por los libros. Más tarde, apoyándose en las ilustraciones, reproducirá la experiencia de lectura a dúo y revivirá el placer que le produjo.
Satisfacen las necesidades oníricas de los niños. El niño escucha con los cinco sentidos ese cuento que le narra su madre porque se siente fascinado y nota que se sacia una de sus necesidades vitales: la de soñar. Como decía Paul Auster en su magnífico libro La invención de la soledad, «si los seres humanos no pudieran soñar por las noches se volverían locos; del mismo modo, si a un niño no se le permite entrar en el mundo de lo imaginario, nunca llegará a asumir la realidad. La necesidad de relatos de un niño es tan fundamental como su necesidad de comida y se manifiesta del mismo modo que el hambre».
Intercambio excelso de sentimientos. Cuando los padres cuentan un cuento a su hijo estalla una miríada de sentimientos exuberantes: el adulto ofrece al niño el regalo impresionante y conmovedor de la palabra y el pequeño le devuelve su mirada más fascinada y entregada, esa que brota del alma y deletrea cada uno de los matices de la gratitud.
Los regalos de los cuentos. Los cuentos ofrecen al niño multitud de regalos. De la mano de Paco Abril iremos desgranando algunos de ellos.

  • Le brindan el regalo del afecto. Cuando le contamos un cuento a un niño le estamos diciendo, sin palabras: «Te lo cuento porque te considero, te valoro, te tengo en cuenta, es decir, porque te quiero». Las palabras con las que están escritos los cuentos para ser efectivas tienen que ser afectivas.
  • Sacian su hambre de ficción. Cuando los niños tienen apetito de un relato oral están pidiendo que conmuevan su corazón, con el tipo de emoción que sea (inquietud, incertidumbre, tristeza, esperanza, alegría...).
  • Le liberan: de la tensión que les produce a veces su realidad, le alejan de la opresión de lo cotidiano, de las normas, las imposiciones, los avisos, las recomendaciones y las recriminaciones.
  • Le ofrecen modelos para identificarse con ellos: los personajes de los cuentos, sus caracteres y las vicisitudes por las que atraviesan, permiten al niño entender sus propias circunstancias y sentimientos.
  • Contagio de la pasión lectora. Si los libros que narramos o ponemos en manos del niño son estimulantes se sentirá impelido a seguir leyendo, porque la miel que pusimos en sus labios será un estímulo ineludible para aprender a leer y experimentar por sí mismo todas las deliciosas texturas que encierran los libros.
  • Acicates para la búsqueda de conocimiento. Asimismo, el niño deseará acceder a libros de conocimientos que le plantearán interrogantes, en los que buscará respuestas y con los que podrá satisfacer su innata ansia de saber. De ese modo se despertará su curiosidad y se sentirá estimulado a investigar.
  • Alas para la imaginación. Si la curiosidad es la fuente del conocimiento, la imaginación es el abono con el que ambos se hacen más fértiles. El niño que habita un entorno estimulante y respetuoso con sus «devaneos» fantasiosos siempre irá un paso por delante en su itinerario vital porque su imaginación le hará anticipar, intuir, adivinar lo que en cada momento sólo es utópico e irreal, pero que con el tiempo podrá transformarse en realidad.
Resolución de conflictos en los cuentos infantiles
El niño se mueve en un torbellino de conflictos emocionales en el que la alegría y la tristeza, la euforia y la depresión, la intrepidez y el miedo, el amor y el odio, el activismo y la apatía se suceden vertiginosamente, desconcertando no sólo a los adultos del entorno sino también a él mismo. Muchos de estos conflictos están provocados por la dicotomía psicológica y afectiva entre el bien y el mal.
A veces estos impulsos o pasiones son manifestación de los desarreglos propios de la maduración y el crecimiento. Pero en otras ocasiones exteriorizan, más o menos solapadamente, graves conflictos para el niño, tanto objetivos como subjetivos (no olvidemos que el adulto debe captar no sólo lo que le pasa al pequeño sino también cómo interioriza lo que le sucede, cómo se siente).
La vacuna más eficaz contra estas «enfermedades del corazón» no es otra que el amor, la ternura y la comprensión con la que padres y maestros arropan al niño en esos momentos tan delicados. Pero a veces el adulto se encuentra con un obstáculo: sin duda ama profunda y sinceramente a su hijo, pero no sabe el modo de ayudarle ni las herramientas de que puede servirse para hacerle más llevadera su complicada travesía hacia la madurez.
Los cuentos pueden ser una de esas llaves hacia el sosiego interior y la comprensión de nuestros propios conflictos. Mediante ellos, el adulto, en una primera fase, dará de beber al niño (para más tarde beber con él y, finalmente, beber de su mano) historias en las que comprenderá, sobre todo, que no está solo, que lo que le sucede es normal y que en cada rincón del planeta anidan niños que como él sienten, sufren, ríen y gozan.
Con los cuentos aprenderá también que los sentimientos no son puros e incompatibles: nada ni nadie es inmaculadamente bueno o irremediablemente malo; se puede sentir alegría y lástima a la vez; alguien puede sernos simpático en unos aspectos y rechazable en otros; un libro puede apasionarnos al tiempo que nos causa desazón o miedo en algunos pasajes…
Los cuentos que narremos a nuestros hijos, y los que más tarde leerán por sí mismos, habrán de ofrecerles personajes coherentes y creíbles que les ayuden a ajustar sus esquemas y a aceptar que es normal que todos dudemos y sintamos un abanico multicolor de emociones. Pero al mismo tiempo, le invitarán a ir construyendo una personalidad equilibrada, en la que los errores tendrán cabida,si bien las incoherencias y contradicciones deberán ser una excepción.
Cuando el niño es pequeño los personajes de los relatos, sobre todo en la mayoría de los cuentos de hadas y populares, suelen tener perfiles muy marcados y sus estrategias para enfrentarse a los problemas habrán de ser muy diferentes de unos tipos a otros: el malvado no puede ser tierno, el bueno no puede provocar destrucción…
El niño en un momento dado se identificará con el personaje malvado, con el desobediente, con el que tiene comportamientos políticamente incorrectos… Y padres y maestros aprovecharán la ocasión para demostrarle que, aunque el adulto no apruebe dichas formas de actuar, siempre estará a su lado dispuesto a abrazarle.
Los cuentos ayudarán también al niño a comprender que el camino de la vida es difícil, pero maravillosamente fascinante. Escondidos entre sus palabras, agazapados entre sus páginas, descubrirá un sinfín de recursos para ir venciendo las dificultades: imaginación, creatividad, simbolización, relativización, sublimación, pensamiento crítico, autoestima…
El cuento ayudará al pequeño a perder el miedo a ser débil, temeroso, dubitativo... Al mismo tiempo le animará a pensar por sí mismo, a discrepar del entorno, a tomar decisiones... En una palabra: a entenderse y amarse a sí mismo tal como es y a forjar su futuro.
Pero, ojo, no creamos en los valores «terapéuticos» de la Literatura Infantil. No la concibamos como un antídoto mágico contra nada. No esperemos de ella poderes sanadores sobrenaturales. Los libros no solucionarán ningún problema del niño. Pero le pondrán en el camino de encontrar sus propias respuestas y encontrar sus salidas personales e intransferibles.
Lectura y miedos
Todos los niños pasan a lo largo de su infancia por un periodo más o menos prolongado y tortuoso de temores tanto diurnos como nocturnos: miedo a la oscuridad, a la soledad, al abandono, a la muerte, a perder el amor de los padres, a las tormentas, a diversos animales (lobos, serpientes, arañas...), a la violencia, a las catástrofes naturales, etc. Aunque pudiera parecer lo contrario, esta etapa es absolutamente necesaria para el pequeño porque le ayuda a cimentar correcta y sólidamente su estabilidad emocional.
La condición indispensable para un desarrollo natural y positivo de este periodo es que el adulto ayude al niño a exteriorizar sus miedos. Para ello será muy cuidadoso en su respuesta ante las manifestaciones temerosas del niño. Habrá de ser delicado y amoroso en su lenguaje (evitando expresiones del tipo: «¡pero mira que eres gallina!»), en sus respuestas físicas (aceptando el abrazo con dulzura y calidez) y en su acogimiento emocional (una sonrisa rebosante de ternura es el antídoto más agradable y eficiente para la angustiosa sensación de abandono que provocan los miedos infantiles).
Los cuentos son un recurso fabuloso para que el niño, solo o con la mediación del adulto, pueda ir superando sus miedos. En la Literatura Infantil el pequeño encontrará multitud de personajes que viven sus mismas experiencias y sentimientos de temor. La resolución del conflicto que ofrece el texto aliviará al lector y, como ya hemos dicho, le hará comprender que lo suyo es «normal» y de ese modo no se sentirá solo.
El miedo es necesario para el adecuado desarrollo emocional del niño. Si ante sus temores el niño percibe que los adultos rehúyen el tema, lo censuran, reaccionan despreciativamente o no reconocen sus propios miedos, la angustia del pequeño se incrementará. La literatura para niños está afortunadamente repleta de ogros, brujas, monstruos y otros seres espeluznantes, gracias a los cuales el niño se libera al materializar sus angustias y deshacerse de ellas con la derrota del dragón, la muerte de la bruja o la huida sin regreso del ogro devora-niños.
Es por eso por lo que el niño busca los cuentos que contienen escenas «peligrosas» o incluso llega a sentir cierta simpatía por los personajes malignos (le encanta el lobo porque sabe que –¡pobrecito!– acabará en el pozo con la barriga llena de piedras).
Es importantísima la actitud del adulto que narra estas historias a los niños porque la sensación de angustia de ciertos cuentos no está tanto en el propio texto cuanto en la actitud del narrador y el tono que emplea. El pasaje puede ser aterrador, pero el niño gozará, tanto conceptual como emocionalmente, si se siente acogido amorosamente por el padre que crea una atmósfera cálida para regalarle la magia de la palabra. Ojo, por tanto, con los relatos que contengan escenas de terror excesivamente explícito o con la creación de ambientes que, en lugar de acompañar al niño, le opriman y traumaticen. Y huyamos como de la peste de esas sesiones de cuentacuentos que para impresionar a los niños les aterrorizan provocando su llanto.
Conclusiones
Esperamos que los padres hayan descubierto algunas de las virtudes y utilidades de los cuentos para sus hijos. Ahora sólo tienen que sentirse capaces de acercárselos de un modo atractivo y amoroso para que sean los propios niños quienes, paso a paso, vayan dibujando su itinerario vital de lectura.
A los padres les aconsejamos también que pidan –incluso que exijan– a los maestros que enseñen a sus hijos a leer de modo que puedan descubrir que los libros esconden un universo infinito, un manantial inagotable de alimento para su mente, pero también para su imaginación y su capacidad de soñar.
Kepa Osoro
 
 
 
 
 


martes, 24 de septiembre de 2013

DECORANDO LA CLASE...

 
 
 

LÁMINAS DEL OTOÑO

Hacemos láminas para trabajar el otoño, para enseñarlas a la hora de la asamblea por ejemplo...
Con dibujos que nos gusten del otoño, les pintamos, los pegamos en cartulina, se plastifican y listas!


 
 
 
 
 

viernes, 20 de septiembre de 2013

ENFERMEDADES DEL OTOÑO

Enfermedades del otoño

El inicio del periodo escolar también puede traer enfermedades para los niños

La vuelta al colegio o el ingreso a la guardería no sólo trae nuevos conocimientos y amistades para los bebés y niños, como también algunas enfermedades para los niños y preocupaciones para los padres.
Cuando arranca el periodo escolar para los más pequeños, se disparan las enfermedades comunes, por los contagios víricos o patologías relacionadas con la infancia, especialmente en bebés y niños menores de 5 años de edad.

Catarros y resfriados de los niños durante el otoño

Niña en un examen medico
Los pediatras aseguran que los meses de septiembre y octubre son la época de mayor riesgo de contagio de enfermedades infantiles. El regreso o el ingreso de los niños a las guarderías o colegios, favorece el contagio de enfermedades, debido al contacto ocasional con otros pequeños y a la gran cantidad de escolares concentrados en aulas cerradas. Cuando empieza un nuevo curso escolar, es normal que el número de pacientes aumente en las consultas médicas.
Por lo general, se trata de enfermedades víricas o que forman parte del desarrollo del niño. Catarros, resfriados y diarreas son las más habituales en estas épocas del año. En el servicio de pediatría llegan a atender entre 5 y 7 casos de niños, diariamente. Normalmente, el curso de estas enfermedades no requiere un tratamiento especial, aunque sí específico, haciendo que el niño se recupere en tres o cuatro días. Todo dependerá de la salud y defensas del niño en este momento y de la edad que tenga. Cuanto más pequeño sea el niño, más posibilidades tendrá de contagiarse. A partir de los 5 años de edad, las posibilidades van disminuyendo ya que el niño presenta un sistema inmunológico más equilibrado.

Consejos médicos para la prevenir enfermedades en otoño

En esta época en que los niños están volviendo a tener contactos diarios con otros niños, los médicos aconsejan que los padres extremen la higiene, para evitar que el contagio se transmita también a los que están en casa. Hay muchos casos de contagio a personas mayores de gastroenteritis y catarros.

Según los pediatras, la mejor forma de prevenir este tipo de enfermedades es:
1- Ofrecer una alimentación equilibrada y variada a los niños.
2- Evitar la automedicación.
3- Mantener a los niños muy bien hidratados.
4- Acudir siempre al médico cuando el niño presenta síntomas de alguna enfermedad.
5- Hacer todo lo que sea posible para evitar las consultas de urgencias.
6- No agobiarse. Es normal que los niños enfermen. A pesar de todo, las enfermedades son necesarias para la formación de su sistema inmunológico.


 

ACTIVIDADES DEL OTOÑO

http://dibujalia.net/ACTIVIDADES%20OTONO/menu-autumn.HTML



 

¡YA ESTÁ AQUÍ EL OTOÑO!

Os dejo algunas imágenes para recibir al otoño y algunos dibujos para que los peques los pinten.
¡Feliz otoño!
 















 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

PINTAR CON DIFERENTES OBJETOS

Pintamos con esponjas de diferentes formas y dibujos:
 



 
 
 

La pintura y los niños

Los beneficios de la pintura para los niños

A través de la pintura los niños descubren a un mundo lleno de colores, formas, trazos e imaginación, simbolizan sentimientos y experiencias. La pintura estimula la comunicación, la creatividad, la sensibilidad y aumenta la capacidad de concentración y expresión de los niños. La pintura como cualquier otro tipo de actividad es un aprendizaje que se puede enseñar a través del ejemplo.

Los beneficios de la pintura para los niños

La pintura estimula la comunicación, la creatividad, sensibilidad, y aumenta la capacidad de concentración y expresión de los niños. Será por eso que la pintura está también indicada en los tratamientos terapéuticos de los niños. Con la pintura se disminuye la ansiedad y se amenizan los miedos y las expectativas. A través de un pincel o de otra herramienta, los niños expresan sus inquietudes y sus emociones, se tranquilizan y serenan. Y al mismo tiempo, desarrollan sus gustos y perfil artísticos.

En resumen, la pintura es beneficiosa para los niños porque:
1- Ayuda en el desarrollo de su individualidad y de su autoestima.
2- Fomenta una personalidad creativa e inventiva.
3- Desarrolla habilidades para resolución de problemas.
4- Organiza sus ideas.
5- Estimula su comunicación. La hace más efectiva.
6- Favorece la expresión, la percepción, y la organización.
7- Desbloquea la creatividad.
8- Favorece la expresión de los sentimientos.
9- Serena y tranquiliza.


La pintura dactilar o pintura con los dedos

Los primeros pasos del bebé en el mundo del arte

Desde la más temprana edad se puede entretener y estimular la creatividad y la coordinación de los niños con la pintura dactilar o pintura con los dedos. Por lo general, de los 6 hasta los 24 meses, los bebés ya se encuentran preparados para disfrutar de esta deliciosa actividad. Es importante que ellos cuenten siempre con la orientación y la vigilancia de los padres o de otra persona adulta.
Con la pintura dactilar los bebés pueden dar sus primeros pasitos dentro del mundo del arte. Además, les ayudará a evitar que se chupen los dedos o que se lleven todo lo que encuentren a la boca. Pintar con los dedos, les divertirá y potenciará su sensibilidad táctil, su fantasía, y desarrollará su coordinación así como su capacidad creativa.

Cómo preparar una pintura casera para los niños

Pintura con los dedos o pintura dactilar
Para introducir al bebé en esta actividad sólo es necesario que le proporcione pintura apropiada, no tóxica, para que él juegue con seguridad. Se puede encontrar este tipo de pintura en tiendas de manualidades o de juguetes, aunque preparar una pintura casera es más económico, fácil y rápido. Para preparar pintura dactilar es casa, es necesario:

Ingredientes para la pintura casera

- Harina de trigo
- Pintura vegetal comestible
- Agua

Preparación de la pintura casera

Poner tres tazas de agua en una cacerola al fuego. Cuando hierva, se retira del fuego y se le añade una taza de harina (previamente disuelta en agua fría). Remover para evitar que se formen grumos. Cuando todo esté mezclado, llevar otra vez al fuego y dejar hervir por un minuto más. Se retira la mezcla del fuego, se la reparte en distintos recipientes, y se le añade a cada uno de ellos, la pintura o el colorante del color elegido. Una vez que las pinturas estén tibias, utilizarlas en hojas de papel blanco o de cartón.
Si sobra pintura, guardarla en la nevera, y cuando vayan a utilizarla otra vez, deberán calentarla un poco. Por lo demás, solo se debe esperar a que el bebé exprese su creatividad, utilizando no solo los dedos, sino también los pies para pintar. Además, puedes ofrecerle a tu hijo pinceles, rodillos, esponjas o cualquier otro instrumento con el que poder pintar. Estaría bien que después de este rato artístico, se dejara secar el papel y luego hacer una pequeña exposición en una de las puertas de la casa.


 

lunes, 16 de septiembre de 2013

¿PROBLEMAS A LA HORA DE COMER?


  Comer adecuadamente, como ocurre con otros hábitos, es un aprendizaje que se debe fomentar desde el principio.

 Algunos padres terminan cediendo a los caprichos del niño para conseguir que tome algún alimento y el pequeño, que lo percibe, acaba controlando a toda la familia a través de la comida. De poco sirve hacer el avión, darle juguetes preferidos, ponerle la televisión o perseguirle por toda la casa con la cuchara.

 La mayoría de los padres conceden una importancia fundamental al momento de la comida y suelen sentirse culpables si su hijo no come bien.

 El padre y la madre necesitan acordar juntos los pasos a seguir y ser firmes llevando el plan a la práctica.

 
 
 
Algunas pautas útiles:
 
  • Establecer un lugar y un horario fijos, siempre los mismos, para la comida.
  • Diseñar una rutina que anuncie el momento de la comida; reproducir una melodía, lavarse las manos, colocar el babero, etc. Y utilizar frases positivas acerca de lo que va a hacer a continuación.
  • No permitir que el niño tome alimentos o chuches entre las comidas.
  • Empezar a darle el alimento elogiando su sabor. Nunca cambiar un alimento por otro cuando el niño lo rechace ni mezclarlos entre sí para disfrazar el sabor.
  • No utilizar objetos o realizar acciones para que trague sin darse cuenta. La hora de comer es para comer y disfrutar del alimento.
  • Hay alimentos que puede tomar él solo. Permitirle que experimente las habilidades que desarrollan su autonomía. Puede tomar trocitos de plátano, de jamón cocido, etc., aunque utilice las manos.
  • Darle una cucharita pequeña y animarlo a que la lleve a la boca con algo de comida mientras se le dirige la mano. A medida que vaya dominando el movimiento, se le retira la ayuda.
  • Seguir las indicaciones del pediatra para la introducción de alimentos nuevos.
  • Elogiar el esfuerzo del niño y sus logros con abrazos, aprobaciones, frases sobre lo mayor que es y lo bien que come o aplaudir cuando termina.
 
 
 

viernes, 13 de septiembre de 2013

BENEFICIOS DEL DEPORTE PARA LOS NIÑOS

 Por encima de todo debe ser el niño, dentro de unos límites, el encargado de elegir el deporte o deportes que va a practicar. Por lo general, tu hijo querrá practicar un deporte en concreto influenciado por sus amigos, los medios de comunicación, el entorno que le rodea, etc. El ejercicio regular favorece el buen desarrollo físico y mental de los niños.
 Les ayuda a integrarse más socialmente y a adquirir unos valores fundamentales, además de colaborar en el correcto desarrollo de sus huesos y músculos.


Los beneficios del deporte para los niños

1. Introduce al niño en la sociedad.
2. Le enseña a seguir reglas.
3. Le ayuda a abrirse a los demás y superar la timidez.
4. Frena sus impulsos excesivos.
5. Fomentará en el niño la necesidad de colaborar por encima del individualismo
6. Le hará reconocer, aceptar y respetar que existe alguien que sabe más que él.
7. Produce un aumento generalizado del movimiento coordinado. 8
8. Aumenta sus posibilidades motoras.
9. Favorece el crecimiento de sus huesos y sus músculos.
10. Puede corregir posibles defectos físicos.
11. Potencia la creación y regularización de hábitos.
12. Desarrolla su placer por el movimiento y el ejercicio.
13. Estimula la higiene y la salud.
14. Le enseña a tener ciertas responsabilidades.



Ejercicio en lactantes

Tranquilos, no nos hemos vuelto locos. No se trata de poner una cinta en el pelo de tu bebé y llevarle al gym a hacer minipesas o spinning. Existen ejercicios para lactantes, para que desde la época en la que le des el pecho tu pequeño empiece a coger movilidad y aprender ciertas dinámicas que le servirán para su inmediato desarrollo. Este tipo de prácticas refuerzan los músculos del bebé y también sirven para estimular el sistema circulatorio y digestivo.

Refuerzo y estímulo

A partir de los tres meses, ya se pueden practicar unos sencillos ejercicios con el bebé, que estimularán su interés por el entorno y le ayudarán a adquirir destreza para llevar a cabo, cuando llegue el momento, habilidades físicas como el gateo, los primeros pasos, la manipulación de objetos...
Unos suaves masajes antes de empezar con los ejercicios para lactantes son muy recomendables, ya que los bebés tienen muy desarrollado el sentido del tacto, y además les van a servir como calentamiento.
Lo mejor es establecer una rutina y realizarlos en el mismo momento del día, aunque nunca cuando el bebé acabe de comer. Si se realizan antes del baño pueden tener un efecto relajante que le ayude después a conciliar el sueño.
Antes de los tres meses se pueden realizar actividades como atraer la atención del bebé con algún objeto llamativo que haga algún sonido cuando está tumbado boca abajo, para animarle así a levantar la cabeza. También se le pueden facilitar juguetes adecuados a su edad para que vaya experimentando con ellos. A medida que el bebé vaya adquiriendo un mejor control sobre su cabeza, agite un sonajero, moviéndolo hacia los lados para que él mueva también la cabeza en la misma dirección.
Cada niño tiene un ritmo de desarrollo diferente, por lo que los ejercicios se deben adaptar a sus progresos.

Ejemplos de ejercicios para lactantes

A continuación, te presentamos unos sencillos ejercicios para lactantes con los que podrás estimular a tu bebé:

Desarrollo de las manos

Es muy importante y le permitirá más adelante agarrar objetos con precisión. Con el bebé acostado boca arriba, sujetar su muñeca con una mano y apoyar el pulgar en la base de su palma. Sujetar sus deditos con la otra mano y acariciarlos mientras se masajea la palma con el pulgar. El bebé abrirá y moverá la mano en respuesta a los estímulos.

Musculatura de la zona superior

Colocar al bebé tumbado boca arriba y mover sus brazos, lentamente, de diferentes maneras: los dos arriba, los dos abajo, uno arriba y otro abajo, ponerlos en cruz, llevarlos al centro. Con estos movimientos se consigue reforzar los músculos de sus brazos, antebrazos y pectorales, así como mejorar la movilidad de la articulación del hombro.

Musculatura de la zona inferior

También tumbado boca arriba, coger los pies del bebé y realizar movimientos de flexión y extensión de sus piernas de forma alterna. Estos ejercicios contribuyen al desarrollo de la musculatura del bebé de cintura para abajo. Después se puede cambiar y hacer la flexión y extensión con ambas piernas a la vez. Hay que tener cuidado por si el bebé pone rígidas las piernas en mitad del ejercicio, y no forzarle.

Cuello, espalda y hombros

El bebé debe estar tumbado boca abajo en esta ocasión, con las piernas extendidas y los brazos situados a los lados del cuerpo. Se llevan los brazos del bebé hacia delante, con las palmas de las manos enfrentadas. El bebé extenderá el cuello hacia arriba espontáneamente, tonificando así el cuello, la espalda y los hombros.

Aprender a levantarse

A partir de los cuatro meses se puede practicar un ejercicio para que el bebé aprenda a incorporarse. Tumbado boca arriba, se le sujetan los pies con una mano y se cogen sus manitas con la otra. Hay que incorporarle entonces tirando suavemente de sus manos (él colaborará tirando hacia arriba con los brazos). Justo antes de alcanzar la posición vertical, el bebé extenderá las piernas.

El gateo

Hay dos ejercicios que pueden preparar al bebé para el gateo. Uno específico consiste en poner al niño boca arriba y mantener una de sus piernas flexionada y el brazo contrario extendido. Al mismo tiempo que se baja el brazo hasta situarlo junto al torso se extiende la pierna por completo. Esto se realiza varias veces con cada lado. En el otro ejercicio el adulto eleva al bebé por encima de su cabeza (sujetándolo bien por la zona situada entre la cintura y las axilas). El bebé tratará de mantener la posición horizontal, y de esta manera se estimula la musculatura del cuello, la lumbar y la dorsal.

Para los pies

También hay que ejercitar los pies para que el bebé esté preparado cuando pueda levantarse y empezar a caminar. Boca arriba, sujetándole la pierna, se acaricia con un dedo la zona del pie comprendida entre la planta y los deditos. El bebé los flexionará con fuerza ante el contacto, mientras extiende el tobillo como si quisiera apresar el dedo con su pie. También flexionará el pie de forma automática si se le acaricia el dorso del pie.